La DMD o Dead Man's Defense es una típica conducta antideportiva que puede verse en partidas de ajedrez por correspondencia. Traducido sería la defensa del hombre muerto y hace referencia a la ralentización anormal del ritmo de la partida por un jugador, cuando se encuentra ya en posición perdida o a veces de tablas (generalmente porque ha dejado escapar una ventaja importante).
Es equivalente a lo que ocurre en algunas partidas en vivo en que un jugador continúa una posición perdida hasta el jaque mate, agotando todo su tiempo. Sólo que en postal las consecuencias son más graves pues se puede prolongar una partida innecesariamente, por meses e incluso años, y como consecuencia retrasar la conclusión de un torneo, afectando por tanto a terceros.
Su objetivo puede ser salvar a toda costa el punto por encima de otras consideraciones éticas. Puede, por ejemplo, inducir al adversario a jugar precipitadamente y cometer algún error de bulto o administrativo (ver clerical error). O puede ser simplemente una rabieta del mal perdedor cuya única intención es fastidiar al rival.
También se dan casos de una versión light del DMD cuya única finalidad es posponer la pérdida de puntos hasta la próxima aparición de la Lista ELO.
Pese a su importancia los sucesivos congresos anuales de ICCF han sido incapaces de resolver el problema. Entran en juego demasiados factores subjetivos y cada propuesta concreta se encuentra con efectos colaterales indeseados.
Muchos coinciden en una solución simplista reduciendo el tiempo de reflexión de las partidas. Pero la mayoría se oponen pues va en contra de la propia naturaleza de esta modalidad, en la que se supone que uno debe tener bastante tiempo para analizar profundamente cada posición. En el último congreso de ICCF (Pleven 2008), finalmente decidieron tomar una tímida medida dirigida contra el DMD. Se trata de duplicar el tiempo de reflexión a partir de los 20 días sin mover. Es decir que si se emplean 22 días para realizar una jugada, se contabilizarán 20 + 2 x 2, o sea 24. Esto es claramente insuficiente pero al menos es una declaración de intenciones.
De las propuestas más sugerentes que he visto destaca la de Wim van Vugt quién defiende un máximo de tiempo acumulado. Resumiendo mucho, de lo que se trata con esta medida es de fomentar el uso normal del tiempo, consumiéndolo racionalmente a medida que se juega. Y no jugar muy rápido al principio acumulando gran cantidad de días para luego especular con esa reserva.
Por ejemplo, no es extraño tener 200 días acumulados en la jugada 40. A un ritmo de 50 días/10 jugadas (estandar actual de ICCF) esto implicaría que se han consumido sólo 100. Ese tiempo acumulado es claramente exagerado y permite tácticas poco deportivas como el DMD. Sin embargo, limitando el tiempo acumulado a 100 días, todavía es una reserva suficiente para jugar alguna posición compleja y sin embargo se presta a una menor manipulación, al tiempo que se promueve un ritmo más racional de la partida.
Es equivalente a lo que ocurre en algunas partidas en vivo en que un jugador continúa una posición perdida hasta el jaque mate, agotando todo su tiempo. Sólo que en postal las consecuencias son más graves pues se puede prolongar una partida innecesariamente, por meses e incluso años, y como consecuencia retrasar la conclusión de un torneo, afectando por tanto a terceros.
Su objetivo puede ser salvar a toda costa el punto por encima de otras consideraciones éticas. Puede, por ejemplo, inducir al adversario a jugar precipitadamente y cometer algún error de bulto o administrativo (ver clerical error). O puede ser simplemente una rabieta del mal perdedor cuya única intención es fastidiar al rival.
También se dan casos de una versión light del DMD cuya única finalidad es posponer la pérdida de puntos hasta la próxima aparición de la Lista ELO.
Pese a su importancia los sucesivos congresos anuales de ICCF han sido incapaces de resolver el problema. Entran en juego demasiados factores subjetivos y cada propuesta concreta se encuentra con efectos colaterales indeseados.
Muchos coinciden en una solución simplista reduciendo el tiempo de reflexión de las partidas. Pero la mayoría se oponen pues va en contra de la propia naturaleza de esta modalidad, en la que se supone que uno debe tener bastante tiempo para analizar profundamente cada posición. En el último congreso de ICCF (Pleven 2008), finalmente decidieron tomar una tímida medida dirigida contra el DMD. Se trata de duplicar el tiempo de reflexión a partir de los 20 días sin mover. Es decir que si se emplean 22 días para realizar una jugada, se contabilizarán 20 + 2 x 2, o sea 24. Esto es claramente insuficiente pero al menos es una declaración de intenciones.
De las propuestas más sugerentes que he visto destaca la de Wim van Vugt quién defiende un máximo de tiempo acumulado. Resumiendo mucho, de lo que se trata con esta medida es de fomentar el uso normal del tiempo, consumiéndolo racionalmente a medida que se juega. Y no jugar muy rápido al principio acumulando gran cantidad de días para luego especular con esa reserva.
Por ejemplo, no es extraño tener 200 días acumulados en la jugada 40. A un ritmo de 50 días/10 jugadas (estandar actual de ICCF) esto implicaría que se han consumido sólo 100. Ese tiempo acumulado es claramente exagerado y permite tácticas poco deportivas como el DMD. Sin embargo, limitando el tiempo acumulado a 100 días, todavía es una reserva suficiente para jugar alguna posición compleja y sin embargo se presta a una menor manipulación, al tiempo que se promueve un ritmo más racional de la partida.


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